La pérdida de lo esencial

En pleno siglo XXI tenemos todo lo que queremos, vivimos en una sociedad marcada por el consumismo y el materialismo. Luchamos para sacar de nuestro bolsillo lo último en tecnología o para vestir la moda más exclusiva; hemos perdido la costumbre de sudar para conseguir nuestros objetivos y metas. Abuelos, padres, tíos y demás te lo recuerdan pero no les das importancia, crees que es normal, que no hay nada extraño si te envuelves de compras, gastos, dinero y ventas… Creemos que tenemos todo pero hoy he percibido que carecemos de lo esencial.

De forma rutinaria me he dispuesto a coger el autobús para regresar a casa y dejar atrás los trabajos, estudios y deberes de la universidad. Por un momento he pensado que era un afortunado en encontrar sitio, aunque luego me he dado cuenta que era la 13.00 del mediodía y a esa hora pocos ciudadanos decidimos llenar el transporte público. A medida que el bus descendía por las calles y avenidas de la ciudad Condal, aislado del mundo pero a la vez acompañado por mi música, veía que la soledad desaparecía. Cada vez, el bus estaba más lleno, por lo que al ver un matrimonio de avanzada edad he decidido ofrecerles el asiento donde estaba, amablemente me lo han agradecido aunque decidieron quedarse de pie.

De manera que “mi” asiento estaba ya más que ocupado, la gente sube en el autobús con los ojos abiertos como dos soles para encontrar un asiento vacío (me incluyo), como un león busca a su presa. Me quedaban unas 3 ó 4 paradas cuando ha subido una anciana con un cabestrillo, menuda, delgada, ciega de un ojo y con unas gafas oscuras colgadas en el cuello. En ese preciso instante no me he preocupado porque pensaba que cualquiera de los que estaban sentados le cedería un puesto a la pobre señora. NADIE le ha ofrecido NADA. Mientras la pobre anciana zarandeaba por culpa los badenes de la calle, los demás acomodaban sus traseros y descansaban sus piernas.

Me ha sorprendido mucho, puede que sea porque me ha conmovido la señora. Al dirigirme a la puerta para bajar he visto que la octogenaria se encontraba detrás de mí, lo mínimo que le podía ofrecer era mi brazo para facilitarle el escalón. Sin ponerme méritos, hoy estoy orgulloso de lucir la educación que la familia y profesores me han dado, así que lo único que puedo es agradecerles.

Con un pequeño gesto puedes sacar la sonrisa a un rostro.

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Un comentario en “La pérdida de lo esencial

  1. ets un solete!!! però pensa que les persones encara que hagim tingut i donat una “bona educació”, en el transcorrer de la vida, per l´estrés, les presses….. ens tornem egoistes, anem pel carrer com robots sense mirar a ningú, només a la nostre “bola”.
    Per aixó avui, em sent-ho SUPER ORGULLOSA DE TU. No cambiis mai!!!!!

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